El sábado luego de desayunar partimos para Corrientes.
Nuestro destino seria la Colonia Carlos Pellegrini y el Rancho Ibera nuestro lugar de asiento en los Esteros del Ibera.
La ruta estaba en bastantes malas condiciones y en un tramo había un corte bastante grande. Me baje a averiguar y me confirmaron que la ruta estaba en reparación y las maquinas detenían al transito aproximadamente por una hora, así que apelamos al GPS y enseguida encontramos una ruta alternativa que nos llevo unos 50 kilómetros mas adelante salvando el corte y la perdida de tiempo.
Llegamos a las 17 hs, con tiempo suficiente para aprovechar el camino de tierra en la entrada a la reserva donde empezaron a aparecer famitas enteras de Carpinchos con crías pequeñas.
Las márgenes del camino estaban con agua y ellos encuentran allí su hábitat ideal.
Llegamos a la entrada y me presente con los guardaparques para organizar el día siguiente y saber de los horarios y novedades del lugar y luego de varias fotografías allí nos fuimos a alojar y a cenar.
Llegamos descansados y el tiempo estaba bueno, a pesar de que el pronostico decía que al día siguiente llovería, nos pareció muy buena la idea de Mónica de adelantar la navegación nocturna y en seguida la programamos para después de la cena.
Navegar de noche esta agua es una sensación totalmente diferente a todo.
Nuestro guía y chofer de lancha nos alumbraba con un faro potente hacia todos lados y se veían brillar los ojos de los Yacares a la distancia.
Si experiencia nos llevo hasta donde estaban la mayoría de los animales, esquivando las olas que se formaban debido al viento nocturno y atracando suavemente sobre la vegetación para admirar este enorme hábitat natural donde tantas especies se encuentran seguras de su más grande depredador: el hombre.
Nos fuimos a dormir exhaustos pero satisfechos de haber tenido esta increíble experiencia.
El domingo amaneció lindo y el pronóstico había cambiado así que tendríamos buen tiempo.
Nos dispusimos a hacer la navegación diurna y todos con sus cámaras en mano fuimos esta vez para abordar, dividiéndonos en 2 grupos a 2 lanchas diferentes, para estar mas cómodos y poder lograr las mejores imágenes posibles.
Había viento y eso no favoreció el avistaje de aves en general, pero nos cansamos de ver Yacares y hasta los tocamos sin molestarlos por supuesto.
Tuvimos oportunidad de ver un grupo de Ciervos de los Pantanos, que pastaban muy tranquilos; muchos Carpinchos machos, algunas hembras con crías chiquitas y por supuesto varios pájaros que suelen subirse al lomo de estos animales para convivir en una simbiosis perfecta.
Aprendimos sobre este enorme y hermoso eco sistema, sobre todos sus integrantes y sobre como se balancea el equilibrio proveyendo de alimentos a todos.
Algo admirable de lo que el hombre debería aprender y prestar mucha mas atención.
Volvimos satisfechos y luego de almorzar pudimos descansar un poco, aprovechando el parque de Rancho Ibera y fotografiando algunas aves que suelen venir a alimentarse mansamente al lugar.
Por la tarde, partimos nuevamente con nuestro guía a recorrer la selva de galería donde hay una flora importante y donde pudimos ver a una familia entera de monos Carayas.
El macho, grande y de color negro observaba todo si perderse ningún detalle.
El guía nos contaba que si los molestan, el macho suele bajar de golpe hasta casi las narices de los visitantes molestos y les grita muy ferozmente demostrando su malestar.
Son tan fuertes los gritos que da, que se escuchan desde las afueras de la selva, donde los guardaparques ya suponen lo que sucede y acuden inmediatamente a poner las cosas en su lugar.
Nosotros, preferimos entrar a la selva con el guía que tenemos asignado, que además de cuidarnos a nosotros lo hace también con las diferentes especies del lugar y nos enseña sobre todo lo que estamos viendo a nuestro alrededor.
La visita queda completa en el microcine de Guardaparques donde pudimos ver una película que explica cabalmente sobre toda la historia del lugar y su increíble equilibrio.
La cena del domingo fue el cierre de una salida que como dije al principio, cuenta con todos los condimentos para hacerla única.
El lunes amaneció lloviznando, pero ya no importaba eso porque estábamos partiendo para regresar a casa, satisfechos de todo lo vivido.
Fueron 3 días de actividades a full, en donde pudimos disfrutar de un contacto pleno con la naturaleza que nos rodea y hacer fotografías muy bonitas.
Decidí cambiar la ruta de regreso y tomar hacia Victoria, en donde hicimos el cruce de los bañados cuando estaba atardeciendo, entrando a la ciudad de Rosario por el hermoso y enorme puente.
De allí, nos fuimos despidiendo de Miguel y Norma que tomaban el regreso a Bahía y nosotros seguimos un poco más hasta separarnos de los demás en la entrada a la Panamericana.
Espero que les gusten las fotos que hicimos.
Horacio Baldi.

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