VIAJES
NOA III - Semana Santa 2007 Comencé a armar este Safari apenas regrese del NOA
II – 06 de diciembre, donde la gente había quedado muy contenta
con ese recorrido.
En esta oportunidad seriamos 7 camionetas y 18 personas.
El Grupo:
EL SAFARI Arrancamos con la mala noticia de que la Chero de Alejandro tenía problemas serios y a pesar de intentar hasta último momento lograr una reparación seria, el propio Alejandro tomo la decisión de no arriesgar y postergar para una próxima fecha su participación en el Safari. Había estado trabajando en la chata hacia rato para hacer este Safari. Lo tendremos en la próxima seguramente. Salimos el viernes 30 de marzo debajo de una lluvia torrencial
y hacia un destino incierto, debido a las grandes inundaciones que azotaron
a la provincia de Santa Fe y a toda la zona que deberíamos cruzar
para hacer nuestra primera noche de enlace.
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Llegamos a Ceres con casi 3 horas de demora debido a
los diferentes desvíos que tuvimos que tomar pasando por rutas
y pueblos totalmente inundados.
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La entrada al hotel de Jujuy fue realmente anecdótica.
El Hotel, que esta situado en pleno centro de San Salvador, daba una
imagen similar a la que vemos en televisión de las ciudades de
Irak. La calle parecía bombardeada desde aviones y un cartelito
indicaba tímidamente, la entrada a la cochera del hotel... por
arriba de la vereda. Bajo un cielo totalmente cubierto, cargamos combustible
en el ACA y llenamos los tanques suplementarios a costo normal y salimos
temprano, el domingo con rumbo a la Quebrada, donde prometíamos
que “seguramente el tiempo estaría mejor y con sol”
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Purmamarca nos recibió con un cielo celeste impecable, tal
como preveíamos y poca gente, con todos los puestos de artesanías
a nuestra disposición.
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La entrada a la puna por ese gran paso totalmente asfaltado y en perfecto estado es realmente magnifica y nos brinda unas vistas espectaculares de toda la Quebrada allá abajo que va quedando atrás.
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La llegada a las Salinas Grandes asombra a todos con su blancura casi
perfecta y su paisaje rodeado de montañas y nos muestra a nosotros
que habrá agua abundante en todo el Safari.
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Se nos fue el tiempo sin darnos cuenta y llegamos a Abdón Tolay
a ver algunos Petroglifos y pinturas rupestres acompañados por
Matías, el guía del lugar, que nos contó varias
historias del paso de los Incas por nuestras tierras y de la historia
de su pueblo.
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La Hostería Pastos Chicos de Susques nos recibió con
reformas que la ponen mas linda aun de lo que ya estaba y con la calidez
de siempre en todos los detalles que Walter le pone día a día
a fuerza de trabajo y sentimiento. Al día siguiente, amaneció todo celeste con un clima que prometía un día lindo...después de desayunar y preparar las viandas, cargamos las camionetas y llenamos por última vez los tanques de combustibles ya que hasta Antofagasta no tendríamos posibilidad de volver a cargar.
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Visitamos el pueblo de Susques y su Iglesia que es la más antigua
de Jujuy, construida en el siglo 16.
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Luego de la visita al pueblo seguimos camino hacia el sur.
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Les dejamos algunas cosas que llevamos para ellos especialmente y
después de unos mimos partimos siguiendo nuestro camino.
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Llegar al Viaducto La Polvorilla por ese camino siempre emociona.
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Lograr que toda la gente se junte para bajar y seguir camino es difícil,
pero la promesa de otros lugares y paisajes adelante ayuda a convencerlos.
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Llegamos a las 20,30 hs a Tolar Grande.
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Luego tomamos el camino hacia el oeste y por la huella central cruzamos
el salar más grande de la Argentina.
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Encontramos el escorial que descubrimos en diciembre y lo volvimos a rodear, esta vez con alguna dificultad ya que había mucha agua a su alrededor y en algunos momentos la huella trepaba las piedras haciendo que las camionetas se inclinen bastante.
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Esta vez quería llegar a la estación de Caipe y no me
iba a quedar con las ganas de hacerlo.
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Encontramos a una pareja que estaba viviendo allí con su hijo
de 5 años, cuidando sus animales.
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El camino a la Casualidad es increíble y la vista da para no
cansarse de parar una y otra vez.
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Nuestro camino seguía y la luz nos corría irremediablemente. Nos deleitábamos con muchas vicuñas salvajes que aparecían por el camino y nos obligaban a parar para que no se escapen y puedan fotografiarlas también quienes venían atrás en la caravana.
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Yo me había propuesto probar la bajada al Salar por una huella
que había visto en una satelital...había llovido mucho
y la bajada elegida se puso brava de golpe.
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Lo demás fue elegir un camino apropiado y fácil para
recuperar el tiempo perdido y llegar a nuestro destino.
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Luego nos quedo pasar al atardecer, del Salar de Arizaro al Salar
de Antofalla por un cruce de montaña increíble que termina
en un caracol impagable donde se baja de 4.200 msnm a 3.000 msnm en apenas
1,5 Km. Manuel nos esperaba en Antofalla con todo armado, menos la comida,
(porque no quería que se pase la carne).
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La ubicamos a Mirta, la directora de la escuela de Antofalla y le
hicimos entrega de varias cosas que le llevamos para los chicos. Y ella
nos invito a conocer la escuela y a los chicos.
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Nuestro guía Adolfo no estaba esperándonos en Antofalla,
tal como habíamos quedado y Manuel no sabia nada de el, así que
seguimos con nuestro itinerario.
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El camino que nos quedaba hasta Botijuela es imponente.
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La entrada a Botijuela estaba muy brava...había demasiada agua
y la vega estaba muy cargada de barro profundo.
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El Geiser nos esperaba y sorprendía a todos a medida que iban
subiendo.
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De allí a Las Quinuas fue un trámite corto que recorrimos
en grupos separados haciéndole la pata a la camioneta averiada.
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La Vega de Las Quinuas es un verdadero oasis en medio del desértico
paisaje en el margen del Salar de Antofalla.
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Nos llevamos la yapa de tener a upa a una vicuñita hermosa y dulce que “apareció casi muerta de hambre” y que Catalina esta criando a leche de cabra.
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La promesa nuestra fue de volver y quedarnos a dormir allí con
ellos y Antonio prometió un asado de cordero y mucha amabilidad
como es su costumbre.
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Nos llevamos un verdadero susto cuando, de uno de los motores, empezó a
salir humo en abundancia. Pensamos lo peor y tuvimos que parar. Yo venia
mucho mas arriba, casi llegando al final de la trepada, así que
tuve que tomar un atajo y bajar por la huella en picada bastante inclinada,
porque en ese camino no se puede retomar, al ser muy angosto y con mucho
precipicio.
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De allí directo a el Campo de Piedra Pómez.
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La llegada al mirador del campo es realmente hermosa...la gente se
emociona y empieza a ver diferentes cosas: “ una ciudad destruida” “ la
Atlantis” y varias cosas mas que se imaginan desde arriba.
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Rodeamos el Campo por su lado oeste hasta encontrar una entrada potable
de piedra dura, de manera de no dejar huellas que dañen el hermoso
paisaje.
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Recorrimos un poco el lateral oeste hacia el sur, tomando distancia
para tener una óptica mas abierta de todo el lugar y encontramos
la huella que habíamos marcado en diciembre para cruzar el mar
de olas hacia el Volcán Carachi Pampa.
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Subir el escorial no fue tan difícil como en diciembre...la
huella estaba bien marcada y solo habría que seguirla...pero no
todo es tan fácil como a veces parece.
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Regresamos a Antofagasta llenos de imágenes...de esas imágenes
que se guardan en las memorias de la cámara, en la retina y en
el corazón.
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Llegamos a la cima del labio sur y la vista del cráter asombra
a todos.
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Casi 300 metros de diferencia hay entre la cima y el interior del
cráter...lo que ayudo a Javier que se sentía mal, a mejorar
un poco.
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Seguimos por Vega de Aguas calientes, las grandes rocas a la salida del cráter y comenzamos la bajada con una vista increíble de todo el Salar del Hombre Muerto abajo.
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Vadeamos el río Los Patos y apuramos el paso para llegar a
las Ruinas de Incahuasi.
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Después, repusimos combustible frente al cementerio de Incahuasi,
envueltos en un noche iluminada solo por los faros de todas las camionetas
y emprendimos el regreso a Antofagasta, bajando un par de caracoles cerrados
que de noche le ponían un poco mas de misterio al día que
terminaba.
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El Peñón, la vega de Pasto Ventura llena de Vicuñas “mansas” ya cerca de la reserva, la Reserva de Vicuñas de Laguna Blanca, los medanos increíbles de altura a más de 4000 msnm en la Quebrada de Randolfo.
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Una parada infaltable en lo de Pirucha en Barranca Larga donde comimos
algo y a seguir.
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Belén fue solo una parada para reponer combustible y encender
después de varios días los celulares y hablar con la familia.
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También quiero agradecer a la gente que siempre colabora conmigo
dándome datos de lugares y apoyo de logística, desinteresadamente.
Horacio Baldi |
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